13 agosto, 2009

¿PERRO O CABALLO?

4 meses que no posteo, la verdad cero remordimiento. Probablemente sea porque mi cuaderno se llena de anotaciones, algunas inteligibles otras ilegibles e inentendibles. He estado dedicado sólo a recibir estímulos, de distintas fuentes. Con más intensidad desde que prácticamente no veo t.v. Me han sucedido cosas extrañas. Conocer y desconocer, y también al revés. Pasó que en uno de mis últimos viajes en auto, quise pagar mis deudas acumuladas de backpacker (tengo una más o menos reciente de 15 autos con los que crucé Europa de norte a sur) y me detuve para llevar a una mochilera que esperaba por alguien que la recogiera. Tarareamos juntos No Rain de Blind Melon. Al leer la prensa después, me di cuenta por un video que era la madre de la niña Evaluna, la pequeña que se perdió casi un día junto a un perro en Laguna Verde. Claro, la había recogido allí. Supe que en el zodíaco chino era perro y que le había “hecho sentido” el que el quiltro haya protegido a la niña… de alguna manera se proyectó en el animal, supongo. Una perogrullada, el que recoge no sabe quién sube y el que sube no sabe quién lleva (en este caso un caballo, según el zodíaco chino). El saberlo, en este caso, sólo hubiera animado nuestra conversación. Después de todo, es una historia conmovedora y con buen final.

Bueno, y fue en esa ley como me subí por decimoquinta vez en 30 h a un auto –el de un marroquí– a algunos kilómetros de la carretera que intersecta con la A9 y que conduce a Niza. Yo iba a San Remo, él a Génova. Al poco andar me dice en ítalofrancoespañol voy a entrar a Niza , pero sólo 5 minutos. Me encontraba en un barrio comercial de no más de 4 manzanas a un costado de la estación de trenes (un pequeño Patronato) en el que había tiendas de todo tipo. Ya habían pasado 20 minutos y el tipo, que había dejado el auto conmigo dentro estacionado en doble fila no aparecía por ningún lado. Ya oscurecía y el barrio se me hacía muy ajeno. A los 45 asomó su cabeza por la ventana y me ofreció de lo que comía. Algo con un aspecto para nada apetitoso. Le di las gracias y pasé. Sin embargo, insistió hasta el punto de acercar aquello a algunos centímetros de mi boca. No había terminado de tragar lo masticado y el tipo nuevamente se esfumó. Todavía me hago la pregunta, por qué no tomé mi mochila y me largué de ese lugar… decidí esperar movido por la idea de que si yo me iba el auto quedaba ahí, abierto, con las llaves puestas para quien quisiera tomarlo. Además, el último tren ya había partido y me obsesionaba la idea de estar en San Remo esa misma noche y sin haberme rendido a la comodidad del transporte público en el viaje a Italia. Eran cerca de las 21. Ya había pasado más de 1 h. Resolví bajarme del furgón y comenzar a buscarlo. Al poco tiempo asomó fugazmente su nariz en la entrada de una tienda. Corrí hacia ella –hacia la nariz quiero decir– pero el tipo no estaba. Al fondo, una puerta negra camuflada con abrigos se iba cerrando de a poco. Antes de que terminara de cerrarse metí mi mano y entré. Al interior estaba el marroquí junto a otro tipo conversando acaloradamente en árabe. El patio trasero de esta tienda estaba básicamente copado en su totalidad de alfombras. Cerros de distintos tamaños, colores y hechuras. Al fin, entendí que si quería irme con él, debía cargar las alfombras que él mismo iba escogiendo para revender en Génova. A los pocos minutos se armó un cerro de cerca de 50.

En la Carretera Austral me acuerdo haber subido a un camión con la condición, previamente establecida de que cuando parara yo subiera los grandes retazos de madera botados al costado del camino. Avancé 200 km, luego de haber cargado decenas de troncos. Era el trato. Acá me encontraba en un cuarto oscuro, sin entender nada, con la promesa de 5 minutos que se transformaron en un par de bizarras horas.

Y ahí empecé, a llevarme de a 2, de a 3, de a 5 luego. Una y otra vez desde el fondo de la tienda hasta el furgón a unos 20 metros de ésta. Los tipos, mientras, cerraban el trato tomando té. Terminé apoyado en la camioneta, sudado, rendido. Enrollé un cigarrillo. Apareció el tipo. Me pidió de un modo nada amable que le enrollara uno a él para probarlo. Lo encendió, aspiró y lo botó. Malo, dijo. Partimos. Cerca de la frontera le recuerdo que me bajo en San Remo. No me dice, es mejor si te bajas en Génova. No, le digo, voy a San Remo, si no a Vintimiglia, un poco antes. No, iremos hasta Génova, insistía. La discusión duró bastante rato hasta que no sé por qué razón decidió entrar en Ventimiglia y botarme en la estación de trenes. Rápidamente me perdí entre la multitud, algo aliviado.


¿Perro, caballo?, aún no sé qué animal era.


Si esperabas un aporte en este posteo, intentaré contentarte con algunas recomendaciones que me parecen, por si no las conoces, dignas de ser disfrutadas:


Anaïs, The Cheap Show. Linda, creativa, afinada y muy graciosa.

Beirut, The Flying Club Cup. Voz de lujo.

Vic Chesnut,
Sponge. Estremecedor.


Cold War Kids,
Robbers & Cowards. Trabajo independiente muy bien hecho.


José González,
Veneer / In Our Nature. A ratos su música se acerca a la apacibilidad previa a la
gran tormenta.

Si quieres descubrir cosas extraordinarias visita los videos de la
blogotheque … está Beirut, González y Chesnut cantando al aire libre. Imperdible.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Uuuufffff!!!! que horror!!!!...alguna vez pensaste lo que te exponias?... en todo caso tus experiencias son exquisitas, un tanto bizarras pero exquisitas,

Alberto dijo...

Anonimo: no creo haberme expuesto a ningún peligro. Creo que me expongo más andando en bicicleta por las calles de Stgo camino al tabajo.
Te agradezco la lectura y que además te haya hecho sentido. Espero tengas oportunidad de investigar en al menos una de mis recomendaciones musicales... de verdad valen la pena.

Slds,

Anónimo dijo...

Y porque no recibi la invitacion para leer este nuevo texto tuyo? Tambien me borraste de tu mailing list? ;)
Pura broma, me encanto tu historia.
Gromit.

Anónimo dijo...

No hay que olvidar la subida de la cuesta hascia el ventisquero colgante en que el camipón de vialidad nos solicitó la buena voluntad de barjar (o subir, ya no recuerdo bien), una buena cantidad de sacos de cemento para la construcción de la flamante carretera austral.
Buen bouquet habrá tenido el furgón del amigo árabe en Italia...
abrazo.