La cima del volcán Sairecabur, en Atacama, está a poco más de 6 mil metros de altitud. Desde allí, hace un par de días, hice un descenso en bicicleta. La sensación fue superior… esto en relación a cualquier otra que haya tenido. Si tuviera que definir la experiencia no situaría el valor de ésta en el descenso, sino en el haber estado allá arriba con poco oxígeno, mucho frío y miedo. En la cumbre viví una de las más grandes humillaciones que haya tenido alguna vez. El entorno obliga a verte como una pequeña partícula. La escala humana allí donde todos alcanzamos cierta proporción en base a un rol definido queda como un esquema ridículo. Hay humillaciones que se agradecen. Ésta me puso el marcador en cero.
Hace algunas horas me llegó la invitación de un contacto de Facebook para sumarme a un grupo llamado ¡No al mar para Bolivia! Éste está conformado por cerca de 200 chilenos fanáticos y según mi monitoreo durante los últimos días el número de miembros crece exponencialmente.
Desde la cima del Sairecabur se puede ver Bolivia. Bolivia puede mirarse desde distintos ángulos. En menos de 24 horas pude verla desde dos, desde las alturas del volcán más alto de Atacama y, luego, desde la mirada pedestre y entusiasta del chileno chauvinista.
Lo que copio a continuación es una selección aleatoria de los argumentos con los que los simpatizantes de este grupo adhieren a la causa e invitan a participar:
- “Malparidos bolivianos, coman mierda indígenas”.
- “Estos cholos muertos de hambre lo único que necesitan son unas cuantas bombas”.
- “Esos retrasados e imbéciles si no tienen mar que se jodan”.
- “La única marina de estos indios son unas lanchas cagonas en el Titicaca”.
Todos ellos provienen de distintas personas y de verdad que no hay que esforzarse para encontrarlos.
No voy a hacer defensa de la opción de salida al mar de Bolivia, la cual veo como una necesidad, ni tampoco apelaré a los impracticables ideales bolivarianos o panamericanos. Sólo quiero decir que la palabra soberanía muchas veces me ha dado dolor de guata cuando ha sido pronunciada por un chileno, haya sido de boca de grupos de simios fanáticos como éste o de la masa de connacionales que se agolpa en las graderías del Estadio Nacional a sentirse orgullosamente chilenos –a hacer soberanía– insultando la idiosincrasia del rival de turno, sea Perú o Bolivia.
Me asusta que tantas personas actúen igual, tan tontamente; me molesta que una buena parte del Chile post dictadura –no voy a polemizar con cifras esta vez– cargue con este patético modo de ser chileno, un modo arribista y agresivo que deja expuesto el vacío de nuestra composición identitaria.
Después de recibir esta invitación me puse a revisar mis contactos de Facebook. Tengo casi 40, de los cuales más o menos 20 son personas con las cuales no tengo contacto real desde hace cinco o diez años. El problema más grave de eso es que una buena suma de esa veintena se siente con el derecho a creer, de manera inocente espero, que por estar yo allí, entre ellos, podemos pensar igual, que adhiero a sus creencias –hasta las más ridículas– que soy parte de su círculo, que me divierto con las mismas cosas, que soy un potencial recluta de sus causas o que me intereso de verdad por su perfil, su identidad virtual, por lo que hacen o dejan de hacer.
Bueno, tengo el derecho a renunciar a todo eso. La verdad siento que me metí en algo de manera ingenua –la presión de la modernidad por llamarlo de alguna forma– y me terminó superando.
En segundo plano queda el que Facebook tal como lo reveló The Guardian haya sido creado por inversionistas neoconservadores como una forma de extender el programa imperialista de Bush; que tenga entre sus socios principales a miembros de las 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos; que su utilidad principal no es la de “conectarte con gente alrededor tuyo” sino homogeneizar comportamientos y estandarizar relaciones haciendo uso magistral de la teoría del mimetic desire, esto es que el comportamiento humano es similar al de un rebaño de ovejas; y que por todo eso sea una de las más grandes fuentes de información creadas en la historia de la humanidad sobre el comportamiento humano, ahora al servicio del mercado y de la triste guerra preventiva norteamericana (the CIA may look at the stuff when they feel like it).
Este artículo es más que nada una defensa a brazo partido de mi complejidad, mi singularidad, mi individualidad, mi privacidad, de todo aquello que me impide formar parte de un grupo, de una comunidad, de una moda; hago uso de mi derecho a fugarme y de deshacerme de cualquier posibilidad, aunque sea insignificante, de tener cerca a gente que nunca he querido tener cerca.
Hoy Fidel renunció formalmente al poder. Por mi parte declaro mi suicidio facebookiano (nov 2006 / + feb 2007).
Sólo algunas aclaraciones para todos aquellos interesados en saber más de mi persona:
1.- Me he enamorado o al menos acercado a una sensación parecida una vez en la vida y fue enorme.
2.- Soy ateo, liberal y mi pensamiento cambia constantemente, aunque no de manera radical.
3.- Soy influenciable al argumento sólido e implacable, pero siempre pienso que hay uno mejor.
4.- Duermo con polera y calzoncillos, nunca completamente desnudo.
5.- No me gusta que me pidan del mismo cigarro que estoy fumando ni que me pidan un sorbo de mi café. Prefiero el cigarro después de comer que el de después de tirar.
6.- Hago mejor las cosas cuando estoy contra el tiempo.
7.- De cada diez proyectos que se me ocurren hago uno, pero lo hago bien.
8.- A veces me huelo los pedos en la cama, claro, cuando duermo solo.
9.- Odio que me pregunten por qué estoy callado o qué estoy pensando cuando guardo silencio; también que asuman cosas sobre mi.
10.- No me he leído ni un cuarto de los libros de mi biblioteca y no creo que llegaré a leerme ni siquiera la mitad, y no tengo tantos.
El que quiera averiguar alguna otra cosa puede llamar a mi celular, cuyo número desde hace 5 años sigue siendo el mismo.
Desde la cima del Sairecabur se puede ver Bolivia. Bolivia puede mirarse desde distintos ángulos. En menos de 24 horas pude verla desde dos, desde las alturas del volcán más alto de Atacama y, luego, desde la mirada pedestre y entusiasta del chileno chauvinista.
Lo que copio a continuación es una selección aleatoria de los argumentos con los que los simpatizantes de este grupo adhieren a la causa e invitan a participar:
- “Malparidos bolivianos, coman mierda indígenas”.
- “Estos cholos muertos de hambre lo único que necesitan son unas cuantas bombas”.
- “Esos retrasados e imbéciles si no tienen mar que se jodan”.
- “La única marina de estos indios son unas lanchas cagonas en el Titicaca”.
Todos ellos provienen de distintas personas y de verdad que no hay que esforzarse para encontrarlos.
No voy a hacer defensa de la opción de salida al mar de Bolivia, la cual veo como una necesidad, ni tampoco apelaré a los impracticables ideales bolivarianos o panamericanos. Sólo quiero decir que la palabra soberanía muchas veces me ha dado dolor de guata cuando ha sido pronunciada por un chileno, haya sido de boca de grupos de simios fanáticos como éste o de la masa de connacionales que se agolpa en las graderías del Estadio Nacional a sentirse orgullosamente chilenos –a hacer soberanía– insultando la idiosincrasia del rival de turno, sea Perú o Bolivia.
Me asusta que tantas personas actúen igual, tan tontamente; me molesta que una buena parte del Chile post dictadura –no voy a polemizar con cifras esta vez– cargue con este patético modo de ser chileno, un modo arribista y agresivo que deja expuesto el vacío de nuestra composición identitaria.
Después de recibir esta invitación me puse a revisar mis contactos de Facebook. Tengo casi 40, de los cuales más o menos 20 son personas con las cuales no tengo contacto real desde hace cinco o diez años. El problema más grave de eso es que una buena suma de esa veintena se siente con el derecho a creer, de manera inocente espero, que por estar yo allí, entre ellos, podemos pensar igual, que adhiero a sus creencias –hasta las más ridículas– que soy parte de su círculo, que me divierto con las mismas cosas, que soy un potencial recluta de sus causas o que me intereso de verdad por su perfil, su identidad virtual, por lo que hacen o dejan de hacer.
Bueno, tengo el derecho a renunciar a todo eso. La verdad siento que me metí en algo de manera ingenua –la presión de la modernidad por llamarlo de alguna forma– y me terminó superando.
En segundo plano queda el que Facebook tal como lo reveló The Guardian haya sido creado por inversionistas neoconservadores como una forma de extender el programa imperialista de Bush; que tenga entre sus socios principales a miembros de las 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos; que su utilidad principal no es la de “conectarte con gente alrededor tuyo” sino homogeneizar comportamientos y estandarizar relaciones haciendo uso magistral de la teoría del mimetic desire, esto es que el comportamiento humano es similar al de un rebaño de ovejas; y que por todo eso sea una de las más grandes fuentes de información creadas en la historia de la humanidad sobre el comportamiento humano, ahora al servicio del mercado y de la triste guerra preventiva norteamericana (the CIA may look at the stuff when they feel like it).
Este artículo es más que nada una defensa a brazo partido de mi complejidad, mi singularidad, mi individualidad, mi privacidad, de todo aquello que me impide formar parte de un grupo, de una comunidad, de una moda; hago uso de mi derecho a fugarme y de deshacerme de cualquier posibilidad, aunque sea insignificante, de tener cerca a gente que nunca he querido tener cerca.
Hoy Fidel renunció formalmente al poder. Por mi parte declaro mi suicidio facebookiano (nov 2006 / + feb 2007).
Sólo algunas aclaraciones para todos aquellos interesados en saber más de mi persona:
1.- Me he enamorado o al menos acercado a una sensación parecida una vez en la vida y fue enorme.2.- Soy ateo, liberal y mi pensamiento cambia constantemente, aunque no de manera radical.
3.- Soy influenciable al argumento sólido e implacable, pero siempre pienso que hay uno mejor.
4.- Duermo con polera y calzoncillos, nunca completamente desnudo.
5.- No me gusta que me pidan del mismo cigarro que estoy fumando ni que me pidan un sorbo de mi café. Prefiero el cigarro después de comer que el de después de tirar.
6.- Hago mejor las cosas cuando estoy contra el tiempo.
7.- De cada diez proyectos que se me ocurren hago uno, pero lo hago bien.
8.- A veces me huelo los pedos en la cama, claro, cuando duermo solo.
9.- Odio que me pregunten por qué estoy callado o qué estoy pensando cuando guardo silencio; también que asuman cosas sobre mi.
10.- No me he leído ni un cuarto de los libros de mi biblioteca y no creo que llegaré a leerme ni siquiera la mitad, y no tengo tantos.
El que quiera averiguar alguna otra cosa puede llamar a mi celular, cuyo número desde hace 5 años sigue siendo el mismo.
