
Según la lectura del mismo (y pese a su visión apocalíptica), la crisis –en estricto rigor– tiene término. Por ello, y siguiendo la misión metablogofísica que se ha propuesto, su blog tiene fecha de caducidad, porque –también en estricto rigor– muere con la crisis.
¿Qué crisis? De ahí la pregunta que da origen a esta columna y de ahí mi deseo de precisar nomenclaturas, conceptos, taxonomías y otras casualidades para poder configurar un relato propio.
Convengamos que esta no es una crisis en el más amplio sentido. Que el sistema financiero, el orden, la mecánica en general está en crisis, sí por cierto. Pero que esta crisis compromete sólo a una parte de ese sistema, más precisamente a los que son en él, a diferencia de los que están en él, de manera pasiva.
De acuerdo, en ella –la crisis– están comprometidos verticalmente los intereses de aquellos que con sus culos bien adosados a enormes sillas de cuero reciben millonarios bonos tanto como los de aquellos que subsisten al día con trabajos precarios; de aquellos que compran bienes suntuarios en efectivo y de los que utilizan tarjetas plásticas para participar, también precariamente, de la ilusión que el mismo sistema promueve y con la que se reproduce. De aquellos cuyo patrimonio disminuye en algunos ceros y de los que ven cómo sus deudas se rebelan por sobre cualquier capacidad para abordarlas.
Pero esa es tan sólo una parte del sistema. ¿Que pasa con aquellos que viven con menos de 2 dólares, o 1 dólar, al día? ¿Pueden estar peor de lo que ya están?
Existen cerca de 3 mil millones, casi la mitad de la población mundial, en situación de pobreza. Esto, en tiempos de crisis, bonanza o estabilidad. 800 millones de personas en el mundo sufren de hambre y 24 mil mueren cada 24 horas directa o indirectamente por esa causa. Mientras 800 millones no tienen que comer, 600 millones, esto es 10% de la humanidad, tiene en su poder 85% de la riqueza mundial, en contraste al 1% con que subsisten aquellos 3 mil millones.
Claro, la pobreza en términos absolutos ha disminuido en el último medio siglo. Sin embargo, la curva de Gini muestra que en los últimos 20 años, tras las reformas impulsadas por el “tío Milti” y otros popes de la curia neoliberal desde los 80’s, la brecha entre ricos y pobres a nivel mundial ha aumentado monstruosamente.
De las muertes por hambruna, las producidas por desnutrición crónica, esto es, hambre que no es consecuencia de guerras interestatales, desastres naturales o colapsos financieros, sino por efecto de la condición natural del sistema, son las más comunes.
¿Acaso el sistema, incapaz de cubrir las necesidades más básicas de la mitad de la población mundial, no está en crisis permanentemente?
Le pedí a Carlos una interpretación a partir de la mirada fría del economista de gomina y zapatos bien lustrados (que, aclaro, él no representa), al margen de todo alcance moral y eximiéndolo de cualquier tipo de responsabilidad sobre sus palabras. Luego del trance, su visión de medium arrojó lo siguiente: alimentas a los que mueren, les das las herramientas para que accedan al sistema como sujetos activos y éste colapsa porque, sencillamente tal cual está diseñado, en él no caben todos.
He ahí una clave: la escasez. Gran concepto, el corazón, piedra angular del sistema. A partir de ese principio es posible justificar el por qué la gente se muere de hambre, mientras simultáneamente algunos pocos concentran enormes fortunas o por qué en África subsahariana gran parte de la gente está desnutrida, mientras que en Estados Unidos 65% de la población tiene sobrepeso.
Frente a esas evidentes contradicciones, suelen proliferar explicaciones o lecturas bastante convincentes. El problema es que la mayoría son puramente endogámicas y se han repetido invariablemente desde los tiempos de Malthus y Ricardo. Y así, a partir del convencimiento de que la humanidad está condenada por el principio incorregible de la escasez, se sigue masticando el mismo chicle sin sabor.
¿Por qué nos machacan una y otra vez con ese fatum cuando existen incuestionables y patológicos problemas de distribución?, ¿es normal que la escasez haga que el hambre por más que sea deliberadamente presentado y percibido como una tragedia, siga siendo una condición natural del sistema, el saldo negativo de una ecuación matemática?
Lo cierto es que esta crisis, de origen inmobiliario, es la crisis de un parte de la población, de aquella que participa activamente del sistema (y los reales o serios afectados, a su vez, una parte de esa parte de la población), y no de aquellos que lo padecen. El sistema está en constante crisis o es un sistema crítico, como se quiera. La de ahora, es una crisis dentro de otra mayor, permanente y de bajo perfil, de muertes lentas, silenciosas y funcionales.
Si –en estricto rigor– el blog de Carlos hace simbiosis con lo que yo entiendo por crisis, su fecha de vencimiento está infinitamente más lejos que la extinción de su mismo autor.