09 febrero, 2009

HORROR EN 360 km2 / “Conversación con un médico en Gaza”

"Tu silencio me duele...Tanto como la vida. Tanto como el tiempo..."
Mahmoud Darwish, poeta de la resistencia palestina


UN LABORATORIO DE ARMAS

“Al amanecer del día 10 de enero, las luces y el fuego de las armas comenzaron a caer más cerca del hospital Al Shifa, después de una noche de bombardeo intenso, mucho más fuerte que en noches anteriores”, cuenta a Piso Dos Erik Fosse, que ya ha retomado sus funciones a la cabeza de la ONG Norwac, en Oslo.

Esa mañana, lo
s dos únicos médicos occidentales que habían en el principal hospital de la ciudad de Gaza empacaron sus pocas cosas. Luego de 11 días en medio de la devastadora operación “Plomo Fundido”, Fosse y su compañero Mad Gilbert dejaron el lugar. Extenuados, desconcertados.


Lidiaron como nunca con el dolor y la miseria. “Nunca había servido en áreas donde más de 30%
de los muertos y heridos eran niños”, señala Erik con casi 30 años de trabajo en zonas de conflicto. Asistió a víctimas en la Primera Guerra del Líbano (1982); durante el ataque sirio a Trípoli (1983); tras la retirada parcial de la ex Unión Soviética de Afganistán (1986); en Albania durante la crisis de los refugiados kosovares (1999); y en Gaza y el sur del Líbano durante los últimos 25 años.
El día 11, ya en Oslo, citaron a conferencia de prensa. “Tenemos sospechas fundadas de que Israel está usando Gaza como laboratorio de prueba para nuevas armas”, dijeron.

Poco antes, el 5 de enero, el Times titulaba “Israel hace llover fuego en Gaza con fósforo blanco” (tal como aparece en la única foto que será publicada en este reportaje). Un día después de la denuncia de los médicos noruegos, el analista militar de Human Right Watch y ex asesor del Pentágono, Marc Garlasco, respaldaba las acusaciones del diario británico, “vimos cómo los artificieros las tenían listas [explosivos con fósforo blanco] para lanzarlas sobre Yabalia [centro de la Franja de Gaza]. Eran de fabricación americana, de 155 mm. Y después las vimos explotar en el cielo", contó a la cadena qatarí Al Jazeera.

El fósforo blanco es considerado arma prohibida. Pese a no estar regulado por la Convención de Ginebra –acuerdo de post guerra destinado a proteger a víctimas de conflictos armados– el derecho internacional prohíbe su uso en zonas pobladas, no así en territorios de baja densidad donde se emplea para levantar cortinas de humo que camuflan el avance de tropas. Una cápsula de 155 mm con fósforo blanco puede liberar más de 100 pequeñas partículas que al entrar en contacto con el oxígeno arden a unos 800 grados centígrados y son capaces de expandirse, dependiendo del viento, en un radio similar al de un campo de fútbol. En humanos, las quemaduras que provoca pueden alcanzar los huesos. Sigue ardiendo hasta que deja de estar expuesto al oxígeno. Por lo general, provoca amputaciones y, en el largo plazo, tiene efectos cancerígenos.

Lejos de ser una zona deshabitada, en Gaza viven 1.5 millones de habitantes en una superficie de 360 km². No sólo está hacinada de gente. Una vez que Israel impuso el bloqueo en 2006, vive asfixiada. “Gaza es como una caja, una enorme prisión. Desde septiembre los israelíes comenzaron a colocar dificultades a organismos europeos de ayuda humanitaria para entrar. La situación especial en Gaza era que el área estaba completamente cerrada y, siendo una zona densamente poblada, los civiles no tenía dónde escapar”, señala Erik.

Luego de negar sistemáticamente la utilización de fósforo blanco en sus operaciones, el 21 de enero, Avital Leibovich, vocero de las Fuerzas de Defensa Israelíes, tuvo que salir al paso de las declaraciones hechas por un militar hebreo al diario Maariv donde reconocía su uso. A Leibovich no le quedó más que confirmar el hecho aclarando, sin embargo, que se había empleado en el marco de la ley internacional. Por entonces, Donatella Rovera de Amnistía Internacional, que visitó Gaza una vez decretado el alto al fuego, señaló al periódico español 20 minutos “los restos de sus proyectiles de fósforo blanco siguen ardiendo en las calles”.

La denuncia de Erik y su colega, sin embargo, no apuntaba a la utilización de fósforo blanco, sino a otro tipo de arma, también prohibida, conocida como DIME o explosivos de metal denso inerte compuestos de micropartículas de tungsteno, cobalto y níquel capaces de desagarrar la carne o, en el caso de que la explosión sea a un par de metros de distancia, de partir un cuerpo por la mitad. “Vi muchos pacientes heridos en los que no encontré rastro de esquirlas de metal o de explosivos convencionales. No obstante, llegaban con amputaciones bilaterales de piernas, con hondas heridas en el abdomen y con múltiples lesiones en la piel por quemaduras. Personalmente no asistí a víctimas impactadas con fósforo blanco, pero sí puedo confirmar mis sospechas respecto a que Israel
experimentó con DIME en Gaza, que es un arma nueva. Los explosivos venían de aviones pilotados a distancia por controladores”, nos explica.

EL DÍA A DÍA EN EL AL SHIFA

Por años el Shifa ha sido un establecimiento clave para los palestinos en Gaza. Es un recinto de cinco edificios contiguos, en el que trabajan más de mil empleados, 400 de los cuales son doctores de distintas especialidades. Fue a mediados de la década de 1980 que Erik trabajó allí por primera vez. Desde entonces, en sus intermitentes visitas, ha sido testigo de cómo la infraestructura y maquinaria del hospital se ha deteriorado a través de los años y, de manera más intensa, durante los últimos 18 meses de bloqueo. “Desde otoño de 2008, nuestra ONG intentó traer ventiladores mecánicos y máquinas de anestesia para el hospital pero no las dejaron ingresar. La línea de abastecimiento del Shifa estaba completamente cortada”.

Las insuficiencias del hospital van desde sistemas de ventilación mecánica, monitores de signos vitales, mesas de operación, ascensores, camas y máscaras de oxígeno hasta equipamiento básico como frazadas. Ese es el Shifa que encontraron los primeros heridos que llegaron el 27 de diciembre pasado cuando Israel comenzó la feroz ofensiva. Luego fueron miles, a veces cientos por día. “Cuando los ataques israelíes alcanzaban objetivos como mezquitas, mercados o es
cuelas, recibíamos entre 50 y 100 pacientes a la vez”, cuenta Erik. Al margen de las deterioradas condiciones del Shifa, probablemente ningún hospital del mundo podría haber reaccionado a tamaña avalancha de heridos.

Producto de su gravedad, habían algunos pacientes que debían ser tratados fuera de Gaza. El 8 de enero, partieron 16 ambulancias hacia Rafah, en el sur de la Franja, con dirección a Egipto. Erik iba en una de ellas. El convoy iba liderado por un camión del Comité Internacional de la Cruz Roja. El vehículo, largo y blanco, iba perfectamente identificado con una gran insignia y un par de banderas de la institución. En Netzarim, a 2 km de la ciudad de Gaza, fueron detenidos con disparos por las fuerzas israelíes y obligados a retornar al hospital.

Muchos pacientes que en condiciones normales habrían necesitado tratamiento, fueron enviados a sus casas luego de un rápido chequeo. Los médicos estaban obligados a privilegiar los casos más graves. “En los casos más extremos de congestión, intentábamos estabilizar pacientes en la sala de espera. A menudo, para salvarles la vida acomodábamos a dos pacientes en una misma sala de operaciones. Muchos fueron operados en los pasillos”, cuenta.


Las camas no eran suficientes. El hospital estaba atestado de heridos, la mayoría de ellos civiles. “Revisé al menos a 100 pacientes y operé o asistí a cerca de 20. Más del 90% de ellos eran civiles y, la mitad, menores de 18 años. Vi niños y mujeres con balas incrustadas en su cuerpo, provenientes de armas de mano disparadas a corta distancia. Eran ataques deliberados contra civiles”.


Erik recuerda con especial consternación a un chico que llegó al hospital con la mitad de su cuerpo destrozado, “recuerdo a un joven de 16 años que había sido alcanzado por una bomba soltada desde un avión no pilotado. Quedó sin sus piernas. Su escroto estaba roto y sus testículos expuestos. Su nalga izquierda había desaparecido, al igual que su ano. Murió cuando tratábamos de estabilizarlo en la sala de operaciones”. Casos como éste fundan las sospechas de Erik sobre la utilización de armas DIME en Gaza.


Mientras tanto, rayos de luces y bombas caían a sólo metros del hospital. Una de ellas destruyó la mezquita ubicada a sólo 200 m de éste. Tal como lo habían sido la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) y el hospital Al Quds, en el barrio Tel el Hawa de la ciudad de Gaza, Erik temía que Shifa fuera otro blanco de ataque, bajo el pretexto de amparar terroristas. Desde los primeros días de enero, ya no quedaban ventanas intactas en el hospital. Cartones y plásticos servían para aislar el frío de las salas de operación.


El miedo más profundo de la mayoría de los médicos del Shifa, según cuenta Erik, no provenía de las explosiones circundantes. Mientras ellos trabajaban, los miembros de sus familias estaban bajo el asedio de los ataques israelíes. “A diferencia de nosotros, todo el personal vivía con el miedo constante de perder a su familia. Uno de los doctores recibió a su esposa y su hija como pacientes luego que destruyeran su casa. Otro, perdió a su mujer embarazada y a su hijo. Días antes que llegáramos, un colega murió en terreno. Siento un profundo respeto y admiración por ellos. La moral y la capacidad de trabajo del personal del Shifa está más allá de las posibilidades humanas”, dice.


La mayoría de los médicos alcanzaba a dormir sólo unas pocas horas. Pese a que los generadores a gasolina mantuvieron con energía la mayoría del tiempo al Shifa, apagones cortos eran frecuentes. “Creo que no hubo operación en la que participé, en la que no se cortara la luz al menos una vez”. El personal, a veces, aprovechaba la luz de sus teléfonos celulares si era necesario.


¿EN REGLA CON EL DERECHO INTERNACIONAL?

Si hay algo que ha llamado la atención es la campaña comunicacional desplegada por Israel para justificar y responder a los cuestionamientos de la opinión pública internacional: provocación, guerra y derecho internacional, entre otras.

¿Es suficiente la razón invocada por Israel –la provocación– para llevar a cabo algo más parecido a una masacre que a una guerra convencional?, ¿Justifica el derecho internacional el atentar deliberadamente contra civiles bajo el pretexto de que el verdadero responsable es Hamas que los utiliza como escudo humano?


El derecho internacional condena y califica como crímenes de guerra las siguientes acciones: dirigir intencionalmente ataques contra la población civil; matar intencionalmente; someter a tortura o a otros tratos inhumanos, incluidos experimentos biológicos; dirigir intencionalmente ataques contra personal o instalaciones de una misión de mantenimiento de paz o de asistencia humanitaria, así como también edificios dedicados al culto religioso y hospitales. La lista es bastante larga e Israel cumple con todos los puntos aquí mencionados: atacó y dio muerte deliberada a miles de civiles, utilizó armas experimentales, bombardeó el centro de refugiados palestinos de la ONU, una escuela, más de 15 mezquitas y el hospital Al Quds.


El gobierno israelí sabía de antemano que derribar a Hamas a través de una incursión violenta en Gaza era una tarea imposible. La invasión que llevaron a cabo en el sur del Líbano en 2006 era una lección irrefutable de aquello. En su intento por desbaratar al brazo armado de Hezbolla, Israel arrasó con cientos de civiles sin poder debilitar al grupo terrorista el que, por el contrario, salió fortalecido, mientras que Israel quedó como el gran perdedor del conflicto.


Es casi incuestionable que esto fue una demostración brutal de fuerza que incluía el ataque deliberado a civiles, muertes colaterales –según Israel– a un objetivo mayor: desbaratar a Hamas. Sabemos que eso no ocurrió. Luego del alto al fuego, Hamas sigue disparando cohetes desde la frontera y las brigadas de Al Qassam se mantienen prácticamente intactas.


Algunos analistas han visto en el ataque la “última” oportunidad de pisar fuerte en la región antes del término de la permisiva administración Bush en Estados Unidos. Visto así, el ataque responde al temor de que la administración Obama debilite la capacidad de disuasión de Israel en el área. Además, funciona como un rayado de cancha que anticipa la intransigente agenda que posiblemente seguirá la próxima administración israelí tras las elecciones legislativas del 10 de febrero.


“Plomo fundido” fue la más devastadora arremetida israelí en territorio palestino desde 1967. 1.400 muertos, más de 5.000 heridos y más de un millón de palestinos intentando reconstruir su vida en una zona en la que el 75% de la población, hasta antes del ataque, vivía bajo el umbral de la pobreza. Bajo el argumento de la provocación, ésta fue la moneda de cambio de Israel para compensar las entre 3 a 12 muertes –según la fuente que se consulte– causadas por los cohetes lanzados por Hamas desde la frontera durante los últimos 3 años.

[producción, entrevista, edición de reportaje, Piso Dos ©]

5 comentarios:

Tavo dijo...

UF, sin aliento.
Lo que nos llega a través de la prensa es sólo la punta del iceberg.
Al escudriñar un poco más, tal como lo has hecho, dejas al descubierto una situación horrorosa.
Sigue adelante en tus investigaciones y compártelas con quienes más puedas.
Tremendo aporte a los que no alcanzamos a ver, escuchar o leer más allá.
Felicitaciones.

Andrés Almeida dijo...

Estimado:

Me impactan las revelaciones de los médicos en Gaza, me indigna lo que ahí ha sucedido y me conduelo por un conflicto trágico que no tiene fin.

Sin embargo, algo me pasa con lo que proviene de ahí que me molesta. Hace algunos años con un amigo, palestino dígase de paso, concluímos que en occidente existe cierta afición a adoptar banderas lejanas que sintetizamos en la frase "elija su oprimido".

No sé, pero pareciese que las leyes del marketing se aplican en la industria de los medios. Hoy los palestinos tienen el "privilegio" del rating (pese al cerco informativo de la prensa de Estados Unidos), y con cierta razón; se trata de "tierra santa" y están involucrados los judíos a quienes, reconozcámoslo, en occidente se les tiene una tirria que me atrevería a calificar de consustancial (véase la historia de la relación entre ese pueblo y la cristiandad), lo que agrega una reverberación cultural que lo hace, per se, "atractivo".

No se me tome a mal. Creo que Israel es un Estado que merece todo el reproche, la condena y la intervención internacional, como en sus años Sudáfrica, pero me parece que la simpatía por la causa palestina tiene algo que ver con lo que mencionaba anteriormente. No creo que haya simpatía proárabe y/o promusulmana, sino, no se explicaría el total desdén con que se aborda otras tragedias que involucran a, por ejemplo, los kurdos, quienes han vivido jornadas iguales o peores que las de Gaza, o los argelinos en su tiempo, cuando el opresor era la luminosa Francia.

Según creo, esta especie de selección de oprimidos opera de manera bastante injusta (aunque nos haya beneficiado, como cuando salimos electos los chilenos tras el golpe, despertando la simpatía mundial por nuestra causa tercermundista), iluminado algunos casos, como el dalai lama y el Tibet, y oscureciendo otros padecidos por pueblos con menor glamur.

El caso más patente es el de África, un continente en el que, estoy seguro, el dolor, la desesperanza y la violencia alcanzan grados tan infernales como los vividos en Gaza, pero todos los días, ad eternum.

Como paradigma, mencionaré lo sucedido en Ruanda y Burundi, donde a machetazos fueron eliminados un millón de personas en meses, ante la impavidez de occidente, y en especial, Francia y Bélgica, las potencias responsables del desorden postcolonial de esa zona del continente.

Finalmente, otro anécdota ilustra lo que quiero decir: cuando cayó el Concorde la prensa se desvivió por cubrir el hecho, llegando a contar microhistorias tan específicas como las de un perro faldero que se había quedado huérfano de una pareja de alemanes que iban en el funesto vuelo. No obstante, días atrás un vuelo menos glamoroso, en un airbus o boing no más, en Nigeria terminó con la vida de más o menos el doble de pasajeros que el Concorde. Su cobertura: en los breves de pocos noticiarios.

En fin. Mi afán es en lo absoluto restar fuerza a los palestinos ni tender subrepticiamente un manto de indiferencia, sino tratar de ofrecer una perspectiva para acercarnos a saber por qué sentimos lo que sentimos, y por qué no vemos lo que no vemos.

Alberto dijo...

Querido,

Concuerdo, en términos fundamentales, con parte de tus sensaciones, aunque con matices varios que intentaré explicar. Es cierto, hasta hace algunos días (si es que no lo sigue siendo) Gaza fue una vez más la vedette de turno de los medios de comunicación (no sé si cuando hablas de medios consideras a Piso Dos uno de ellos), mientras, al mismo tiempo y al margen de cámaras, flashes y plumas, cerca de 250 mil civiles intentan desesperadamente huir de las zonas de conflicto en Sri Lanka o Zimbawe es azotada por uno de los brotes de cólera más violentos de las últimas décadas. Allí la gente se muere además de malaria y hambre, mientras Mugabe, dictador (28 años en el poder), celebra su cumpleaños de más de 1,2 millones de dólares (8.000 langostas, 100 kilos de gambas, 4.000 porciones de caviar, 3.000 patos, etc.).

Volviendo a Gaza, hay varios hechos que podrían hacer caer por tierra tu tesis del favoritismo gaziano y la repulsa mediática (sí, en términos generales) de israelíes. Rupert Murdoch (no es el demente de “Los Magníficos”) el dueño del mayor conglomerado de medios de comunicación del mundo (no sé si es el de él o el de Turner, pero están muy cerca), es hijo de madre judía. El rol de informador o manipulador, como quieras llamarlo, de la opinión pública occidental de Turner debe ser, sin exagerar, mayor que el de la Iglesia Católica. Revisé hartos medios de USA y Europa durante varios días y, la verdad, no me encontré con ningún relato como el que postié en Piso Dos, sólo vi horrorosas fotos que me llegaron por e-mail desde cadenas infinitas que comparaban a israelíes con nazis (error desde todo punto de vista) con niños mutilados y gente sufriendo. Hoy Amnistía Internacional, los mismos que acusaron a Israel de utilizar fósforo, denuncian los crímenes (torturas físicas y síquicas, y asesinatos) que ha llevado a cabo Hamas en contra de mismos palestinos para sacarles información o por sospecha. La noticia ha tenido cierto alcance, al menos en el País de España, en Times de Londres y en Le Monde, al igual que la noticia de robo de Hamas de parte del suministro de ayuda humanitaria para los civiles de Gaza y el lanzamiento de misiles desde la frontera que continúa.

Andrés, tengo un profundo escepticismo en el rol de la prensa como garante de la verdad. Profundo. Sin embargo, el hecho ocurrió, al igual que la partusa de Mugabe (demasiado lejos de cualquiera de las que hayamos ido o vayamos a ir en la vida).

En mi caso (aunque probablemente tu comentario no incluía mi pobre pero noble medio, ni mi forma de escoger los temas), que es el caso de Piso Dos, creo no haberme enfrentado al tema de una manera distinta a como cuando entrevisté en Francia a la amiga de la periodista rusa asesinada bajo el gobierno de Putin; ni tampoco cuando escribí sobre Denise, una mujer con VIH que vive en Kinshasa (República Democrática del Congo) para mostrar cómo era afectada por los intereses de una farmacéutica suiza.

En fin. Son hechos, reales, irrefutables, a través de los cuales intento que la gente tome conciencia, tome partido, tal como lo han hecho con la encuesta del blog, limitada sólo a evaluar los hechos, no al pueblo de Israel. No es un revisionismo historiográfico, no está siendo cuestionado el ethos de los israelíes, ni siquiera su historia. Es algo más simple, una crónica del día a día en un lugar caliente que devino en infierno súbitamente.

Anónimo dijo...

Querido,
Será que estamos perdiendo la capacidad de asombro y eso nos hace mirar con ligereza lo que sucede?

Todavia no tengo palabras para expresar tanto horror e indiferencia,

Andrés Almeida dijo...

Don,

pienso que tal vez en mi post primero quedó una sensación de crítica hacia la línea editorial de tu blog, situación que quiero descartar de plano (pues en verdad mi opinión es al revés).

De hecho, no se trata de una crítica a los medios de comunicación, sino a nosotros mismos, como consumidores de adhesiones y repulsas. Lo que quería hacer ver es cómo ciertas situaciones nos producen congoja o indignación a partir de elementos bastante inconcientes y, muchas veces, inconsistentes. Visto de otro modo, si fuera taaanta la indignación no nos limitaríamos a refunfuñar,golpearnos el pecho y llorar lágrimas de cocodrilo sentados cómodamente en las sillas frente a nuestros computadores, sino que haríamos algo útil (algo útil, como lo que estás haciendo tú, por lo que no te incluyo del asunto).

Volviendo a Gaza e Israel, reitero mi impresión acerca de que la adhesión a los palestinos tiene que ver más con la repulsa a los judíos. No digo con esto que no haya motivos para ello, pero conviene, por el bien de uno mismo, saber si en uno priman los sentimientos de condolencia (por el los palestinos)o de rabia (contra Israel). Esto lo creo también, porque lo he comprobado al observar la repentina empatía hacia los pueblos de Afganistán e Irak, que coinicide con la invasión de Estados Unidos (porque antes a nadie le importaba un carajo sus padecimientos).

En cuanto al rol de los medios en el conflicto, sólo puedo dar gracias a la existencia de internet, medio por el cual se hace más difícil el operar de fascinerosos como los que mencionas, cuya acción rebota en Chile por flojera, con nuestros lánguidos medios que se cuelgan de las señales oficiales de la prensa mundial. O sea, gracias a este medio, puede surgir un tipo como tú y ofrecer un relato aterrador. Pero, me temo, no constituye noticia, porque es una especie de eco de crueldad que ha estado siempre presente, que, hoy, elegimos sintonizar por este canal.